VIDA DE PERROS

Por: Gabriela Valdez


Estas es la historia de un perro, uno de esos que vagan por las calles;  no de los que viven en casa, que duermen en un tapete, un  sillón o hasta  en una cama; no de los que comen tres veces al día y tienen agua iimitada en tiempo de calor y techo en época de lluvias;  esta es la historia de un perro que por azares de destino terminó en la calle, sin un dueño (o quizá con un dueño irresponsable), sin una caricia, sin que nadie les diga “buen chico” y les dé una palmadita en la cabeza. Un perro como el que usted y yo  espantamos cuando en la calle se acerca a pedirnos un chorrito de nuestro refresco o que les compartamos la sombrita que hace la parada del camión.  Un perro de los que pocos  quieren saber, de los que  pocas personas se ocupan, mientras muchas se empeñan en entorpecer su labor. Un problema, que a su vez tiene muchos problemitas mientras sociedad y gobierno se echan la bolita uno al otro…


En nuestro país solo el 30% de los perros y gatos que existen tienen un hogar, esto quiere decir que por cada tres mascotas que tenemos hay otros siete animalitos vagando por ahí cada día. En el 2012  La Secretaría de Salud estimaba, que en nuestro país  había más de 22 millones de perros y gatos de los cuales 15 no tienen casa.


Un tema de salud pública si consideramos que  a veces para un dueño responsable y amoroso es molesta la tarea de recoger los desechos de los amigos perrunos;  ¿Quién se va a preocupar por recoger los desechos de los callejeros?, según números de la misma secreataría diariamente se generan 696 toneladas de heces fecales de canes sin dueño, que luego de secarse andan por ahí, volando en el aire que todos respiramos, pegándose en la comida que nos vamos a comer y generando, en muchos casos, graves infecciones en los humanos.


Ahora  hablemos de la estética y la imagen de la  ciudad, las autoridades dicen que se ve muy feo que haya tantos perros sucios, flacos y despeinados caminando en nuestras hermosas calles y  la solución más rápida y sencilla: matanzas masivas en perreras y antirrábicos; al respecto, fue noticia en todo el mundo lo que pasó antes de los Juegos Olímpicos de Invierno en Rusia cuando las autoridades decidieron levantar por igual perros adultos y cachorros para asesinarlos por montones con tal de que no estorbaran a los festejos. Muchas voces se alzaron para repudiar estas acciones; sin embargo lo hecho,  hecho está y fueron muy pocos los afortunados cachorros que escaparon de morir y tuvieron la oportunidad de convertirse en mascotas domésticas.


Ahora bien, en las vialidades los caninos también se vuelven un grave problema, pues atraviesan carreteras y calles causando accidentes. Por redes sociales circula una imagen en que un perrito dice  “No me atropelles, cruzo la calle con la inocencia de un niño, como lo haría tu hijo“ , aún con se tipo de esfuerzos por parte de asociaciones y personas conscientes, son frecuentes  sucesos como el de hace unos meses  cuando el chofer de un camión urbano aceleró y hasta acomodó su vehículo para atropellar una perrita San Bernardo en la colonia Volcanes pues  sin más ni más,  decidió que estorbaba y con toda premeditación, alevosía y ventaja la mató ante la mirada dolorosa de dos o tres personas que intentaron detenerlo; por supuesto… nada pudieron hacer.

Así nuestra educación vial con respecto a los animales, así nuestras leyes que lejos están de protegerlos  de situaciones de maltrato animal como las que circulan en internet; de dueños que irresponsablemente  los abandonan en la calle cuando les resultan un estorbo, de la apatía ciudadana y las enfermedades. Es indispensable una legislación clara que proteja no solo a la fauna callejera que queda total y completamanete desprotejida y a merced de los humanos, que no acabamos de entender que estos animales tienen un sistema nervisoso que les permite sentir tanto el placer como el dolor, así como  una capacidad cognitiva, que según se ha estudiado, les permite una capacidad de entendimiento de un niño de dos años.


Los perros de la calle son un problema de conciencia social. En 1994, la organización Panamericana de la Salud cambió la denominación “perro callejero” por “perro de dueño irresponsable”, porque en realidad, los culpables siempre seremos nosotros, los humanos que insistimos en  no esterilizar a nuestros perros,  que los consideramos  un regalo ocasional entre novios, amigos o familiares; y en los casos más graves y dolorosos, que somos capaces de  abandonar a su suerte, en la calle,  a estos buenos  amigos.

La tenencia responsable de mascotas es básico;  conocer nuestras limitaciones y admiitir honestamente si no podemos con el compromiso antes de aceptar un perro en casa,  para no terminar contribuyendo a la población callejera de este país. Saber que nuestras mascotas no tienen la necesidad de reproducirse y que es solo un instinto  y reconocer en este tema buenas prácticas como la de adoptar lugar de seguir financiando  la explotación de seres vivos; esterilizar, identificar y cuidar amorosamente a nuestras mascotas y también tener compasión de los animales hambrientos, cansados y muchas veces enfermos que no topamos por las calles, pues ellos no escogieron estar ahí.