OAXACA: Tres miradas literarias

Por: Patricia Chiñas López


Esta charla se deriva del proyecto que presenté para el proceso de titulación de la maestría en Creación y Apreciación literaria cursada en el Instituto de Estudios Universitarios, concluida recientemente.

TRES MIRADAS LITERARIAS
SOBRE LA CIUDAD DE OAXACA:
Manuel Toussaint, D.H. Laurence e Italo Calvino

El estudio tiene la intención de contribuir a poner en valor la importancia histórica y patrimonial de la ciudad de Oaxaca en diferentes épocas y temáticas. Hoy más que nunca debemos compartir lo que somos y evidenciar nuestras raíces, sentirnos orgullosos de nuestra historia y descubrir como la ciudad guarda testimonios invaluables en cada calle y monumento que la componen. Basándose en el principio de que lo que no se conoce, no se valora, la intención es compartirlo en diversos foros, para dar a conocer entre universitarios, lectores y público en general, lo que vieron éstos tres importantes escritores en la ciudad de Oaxaca. Cómo un inglés, un ítalo-cubano y un mexicano  ponen el ojo y el interés en determinados temas y los transforman en su motivo literario, y a su vez nos van mostrando como la ciudad va evolucionando y transitando a lo largo del siglo XX. Como señala Alfonso Alfaro en su artículo Senderos de la mirada en el número 31 de artes de México refiriéndose a los viajeros del siglo XIX: “Fueron necesarios los ojos extranjeros, fueron necesarios Humboldt y Rugendas y los fotógrafos itinerantes para que los artistas mexicanos descubrieran el paisaje del Anáhuac y aprendieran a ver sus sierras y sus barrancas, sus lagos y sus acequias, la luz de sus desiertos y la nieve de sus cumbres y supieran que era posible dar cuenta plástica del mismo mar que olían y los acariciaba…” p (10)

EL MARCO HISTÓRICO
LA CIUDAD DE OAXACA.
La ciudad de Oaxaca fue fundada como ciudad de Antequera en 1532, pero la zona estuvo habitada desde el preclásico. El valle de Oaxaca ofrece condiciones habitables  muy favorables por lo que fue asiento de dos grandes culturas la zapoteca y la mixteca, por esa razón los mexicas ya se habían apoderado de él antes de la llegada de los españoles.
Durante la época colonial la ciudad gozó de gran prosperidad gracias a la comercialización de  la grana cochinilla, que es un insecto del cual se extrajera un tinte natural que fue sumamente apreciado tanto en Europa como en América y esto a su vez contribuyó a su riqueza y a la construcción de grandiosos edificios en la ciudad.
Un acontecimiento muy importante en la historia de la ciudad de Oaxaca, relacionado con las letras, es que fue una de las primeras ciudades del continente americano en contar con una imprenta. En 1720 está registrado el primer documento que se imprimió en ella y que se titula Sermón Fúnebre, resaltando el dato que la licencia le pertenece a una mujer: Doña Francisca Flores.

PERSONAJES Y VISITANTES DISTINGUIDOS.
Por otra parte dos de los presidentes más notables que ha tenido México caminaron, estudiaron y amaron en esta ciudad: Don Benito Juárez y Don Porfirio Díaz, ambos habitaron el actual centro histórico, lo cual contribuye a aumentar la carga cultural que tiene la ciudad que desde siempre ha contado con la visita de personajes ilustres, desde el General José Ma. Morelos quien tomó la ciudad militarmente el 25 de noviembre de 1812 hasta reyes europeos como Juan Carlos de Borbón de España e Isabel II de Inglaterra que la visitaron en son de paz en el recién concluido siglo XX. Pero entre estas visitas también han pasado innumerables viajeros de múltiples países, profesiones e intereses como el explorador austriaco-alemán Teobert Maler, reconocido por sus fotografías de zonas mayas, siendo pionero en este campo y que también tomó imágenes de la ciudad de Oaxaca en la segunda mitad del siglo XIX. Precisamente el tema de la ciudad y su registro es el que me interesa tratar, enfocándolo a las crónicas firmadas por tres notables escritores y descubrir que motivó a cada uno, que intereses y que perspectiva tuvieron de la misma, esto mediante sus escritos.

ESCRITORES SELECCIONADOS.
Los escritores elegidos son tres reconocidos creadores literarios de tres nacionalidades distintas, el primero mexicano, el segundo inglés y el tercero ítalo-cubano: Manuel Toussaint, David H. Laurence e Ítalo Calvino cuyos relatos referidos al tema fueron publicados en 1926, 1942 y1989 respectivamente, estas fechas nos ayudaran a delimitar el tiempo y ubicar la imagen de la ciudad  entre 1920 y 1989.

Manuel Toussaint (1890-1955) nacido en la ciudad de México, en el barrio de Coyoacán fue escritor, académico e historiador de arte. Formó parte de los creadores del laboratorio de arte de la UNAM que después se transformaría en el Instituto de investigaciones estéticas del cual fue director. Además de ocupar diversas direcciones en instituciones culturales fue miembro numerario de la Academia Mexicana de la Lengua y Doctor honoris causa por la UNAM.
Su obra literaria abarca narrativa, poesía, traducción y ensayo, pero puede decirse que se distingue por su gran aportación a la historia del arte mexicano en especial de la etapa colonial, realizó diversos viajes tanto por la provincia mexicana como por Europa y dejó constancia de ello en múltiples escritos. Uno de estos lo dedicó a Oaxaca. A este respecto Schneider (1992) apunta: “Era un peregrino de la investigación, del dato recogido frente al objeto mismo, era un analista tomasiano, por eso su obra es confiable…Si tenía noticias, si le preocupaba un propósito marchaba a comprobarlo, a certificarlo, a descubrirlo, a saborearlo. Así repleto de conocimiento y de vivencias regresaba al escritorio…” (p. 29)

David Herber Laurence (1885-1930) nacido en Eastwood Inglaterra, de padre minero semi analfabeta y madre profesora de la que era muy cercano, el mismo obtendría un diploma de docencia de la universidad de Nottingham en 1908,  fue autor de novelas, cuentos, obras de teatro, ensayos, libros de viaje, traducciones y críticas literarias, considerado uno de los más grandes líricos de la época, dos de sus obras más conocidas son sus novelas El amante de  Lady Chatterley y La serpiente emplumada en la cual se refiere a México. Vivió en gran número de países además de su natal Inglaterra entre los que se encuentran: Francia, Italia, Alemania, Australia y Estados Unidos, esto contribuyó a que escribiera varios libros de viaje entre ellos uno dedicado a México donde cuenta su viaje a Oaxaca, titulado. Mañanas en México.

Italo Calvino (1923-1985) nacido en Santiago de Cuba, hijo de botánicos italianos. En ese país desarrolla su etapa formativa y la mayor parte de su obra, pero tendrá un pie en cada continente y tal vez por esa razón es un escritor que aborda mundos increíbles, gran cuentista entre ellos Bajo el sol jaguar, donde hablará de su experiencia en Oaxaca. En su libro Las ciudades invisibles Calvino (1972), habla de ciudades inventadas con nombres de mujer y en sus notas preliminares se hace la siguiente pregunta: ¿Qué es hoy la ciudad para nosotros? Y entre otras cosas responde: “Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías. Son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos” (p. 11)

PRINCIPALES TEORÍAS.
Las principales teorías literarias usadas fueron la de los relatos de viaje y la de la ciudad como ente. Los tres personajes además de escritores, fueron continuos viajeros por lo que aplica muy bien la teoría y tipología de los relatos de viaje. Los relatos de viaje son un género bastante antiguo, se puede decir que uno de los más conocidos es La odisea, pero las que se consideran las fuentes más directas del género son según Alburquerque (2011) dos obras griegas la Historia de Herodoto y la Anábasis de Jenofonte escritas en el siglo V y IV antes de cristo respectivamente y en ambas prevalece su carácter histórico-documental. En la primera gran obra que consta de nueve libros y que le valió a su autor el ser nombrado el padre de la historia, Herodoto reunió su abundante material recurriendo a diversos viajes a través del mundo conocido, obteniendo así sus datos y aun cuando su objetivo principal era narrar las guerras médicas, él va hilvanando datos geográficos, con mitos y hazañas que le darán una gran riqueza y soporte a su relato, en cuanto a la segunda Anábasis o marcha tierra adentro, narra el trayecto de Ciro el joven, de la costa oriental de mar egeo, hacia el interior de Persia para pelear por el trono de Persia contra su hermano Artajerjes II, Jenofonte fue reclutado y formaba parte del ejército de Ciro como soldado mercenario. Tras la muerte de Ciro Jenofonte regresa a Grecia con un grupo de soldados y escribe su relato, que además de histórico será ameno y emotivo.
En la edad media aparecerán las crónicas, sobre todo en España, cuya novedad será usar el yo y con esto muchas de las vivencias personales forman parte muy importante del relato. Como después veremos reflejado en las crónicas de diversos personajes que llegaron a nuestro continente, como Bernal Díaz del Castillo, Fray Bartolomé de las Casas y el mismo Hernán Cortés.
El siglo XVII trae consigo la ilustración y los viajes se convierten en parte integral de la formación de los jóvenes. También llegan los viajes científicos y en el siguiente siglo los diarios y las cartas.
Alburquerque (2011) nos dice que el género es elusivo y fronterizo, pero: “desde el punto de vista pragmático, lo factual predomina sobre lo ficcional; desde un punto de vista formal, lo descriptivo se impone a lo narrativo y desde un punto de vista testimonial, lo objetivo prevalece sobre lo subjetivo, pero dependerá de las épocas y los paradigmas en que se inserten los relatos” p (5)
El mismo Alburquerque señala: “A la literatura de viajes se adscribirán obras en las que el viaje forma parte del tema o en las que actúa como motivo literario” p (4)
Y podríamos agregar, las figuras retóricas usadas en la descripción, están muy presentes, ya que esta será el eje a lo largo del relato (la prosografía, la etopeya, la cronografía, la topografía, etc.)
El tema como vemos es añejo y al mismo tiempo complejo, lo que explica que sea hasta  hace muy poco que se ha comenzado a estudiar con seriedad. En 1997 Sofía M. Carrizo Rueda realizó un estudio que tituló Poética del relato de viajes en donde expone algunos de sus descubrimientos sobre el tema y entre algunas de sus conclusiones señala que muchas de las veces el relato de viaje echa mano de varios géneros y además a través del mismo podemos dilucidar el tipo de sociedad a la que va dirigido y los intereses que movían a los viajeros. Al igual que Carrizo Rueda, Luis Alburquerque García, Federico Guzmán y María Rubio Martín son autores que han escrito sobre la evolución y la teoría del género

LA CIUDAD
Por otro lado la ciudad. Las ciudades son entes cambiantes, que se han definido de múltiples maneras, para Max Weber (1958) por ejemplo, una ciudad es un ente autónomo definido por la actividad predominante de sus habitantes y la relación socio-económica entre la ciudad y su entorno. Pero también hace hincapié  en que las ciudades van sufriendo cambios muy suyos a lo largo de su historia,  van dando forma a su fisonomía y se van integrando a diversas categorías políticas y económicas.
Para Toca (1998) la ciudad es una construcción colectiva, la memoria material de una sociedad, es su cultura conformada y la historia está inscrita en ella. Y damos fe de ello en las múltiples obras que podemos admirar en ellas, desde pequeños monumentos, hasta grandiosos edificios.
Mumford (1976) señala que: “en pos de los orígenes de la ciudad, resulta muy difícil resistir la tentación de buscar solamente sus restos físicos. Pero ocurre lo mismo con la imagen del hombre primitivo, cuando concentramos nuestra atención en sus huesos y tiestos, sus herramientas y sus armas, no haciendo justicia a invenciones como el lenguaje y el ritual que han dejado en el mejor de los casos, pocas huellas materiales” (p.6)
Gran número de ciudades tienen sus raíces en antiguas aldeas llenas de historia y tradiciones que como señala Mumford van dejando huellas materiales e inmateriales. Las ciudades históricas son depósitos ancestrales, en donde se archivan no solo restos materiales. 
Narváez (2003) refiriéndose al onirismo del filósofo francés Bachelard  en donde la casa es el cuerpo de la mente del hombre, dice acerca de la ciudad: “es el sitio de nuestra experiencia de viaje, estaría “construida” de nuestros recuerdos, de nuestros miedos, de lo que hemos aprendido que es la ciudad y sus habitantes, muchas veces de nuestros más oscuros sentimientos y deseos…La ciudad sería no un sitio físico solamente, sino el reflejo de lo que somos profundamente” (p. 145)
Este reflejo del que habla Bachelard hace comprensible que gran cantidad de escritores se hayan ocupado de narrar sus experiencias en diversas ciudades y viajes, por lo mismo resulta bastante atractivo encontrar sus reflejos en dichos relatos.
Como muestra un ramillete: José Saramago en Viaje a Portugal, Fernando Savater Lugares con genio, Héctor de Mauleón en La ciudad que nos inventa, Charles Brasseur Viaje por el istmo de Tehantepec, la condesa Paula Kolonitz Un viaje a México en 1864, etc.
Refiriéndose a los lectores, Fernando Savater (2013) en su libro Lugares con genio, apunta: “los lectores sentimos una emoción especial, difícilmente expresable, al visitar las casas, las calles y los paisajes que transitaron y donde imaginaron sus obras nuestros autores más admirados” p (13) 
Esto aplica a cualquier tipo de autores, pintores, arquitectos, músicos, etc. Hay ciudades en las que un solo personaje es capaz de atraer multitudes un claro ejemplo puede ser Mozart en Salzburgo, ciudad que gira en torno a sus festivales de música.      
Y como apunta Walter Benjamin (1983) en su Libro de los Pasajes: las ciudades son bastos depósitos de historia que pueden ser leídos como un libro si se cuenta con un código apropiado.
Y en esta lógica yo agregaría: que mejor que un buen observador y narrador para  realizar esta tarea.

LAS OBRAS
Ahora pasemos a las obras. Los tres autores abordados, visitan la ciudad de Oaxaca en fechas diferentes e igualmente sus motivos e intereses son diversos. Pero tienen en común que los tres la visitan en el siglo XX y hacen de la ciudad su motivo literario. Sumando a esto, que sus obras están disponibles en las bibliotecas de la ciudad y son muy fáciles de consultar.
Las abordaremos cronológicamente. En primer lugar hablaremos de OAXACA, obra de autoría de Manuel Toussaint, y recientemente incluida en 2013 dentro de la colección: “Las Quince Letras” editado por el instituto de humanidades de la UABJO. Tocándole la letra D.
En la introducción de dicho libro el investigador Carlos Sánchez Silva apunta: “Para llevar a cabo este proyecto nuestro autor realizó una visita a la “Verde Antequera” del 9 al 19 de marzo de 1926. Diez días que sirvieron para que nos brindara una visión íntima y muy personal de la capital oaxaqueña por conducto de 14 estampas bajo su pluma ágil y poética”
En efecto está dividido en 14 temas que abarcan; desde la ciudad, las casas, los monumentos, la comida, hasta las joyas, los modos de hablar y las mujeres. Lo anterior acompañado de 16 grabados en madera que los ilustran.  

En el primero nos habla del aspecto de la ciudad:
“La primera impresión de Oaxaca es la de que el mundo ha disminuido de estatura o que ha aumentado el índice de pesantez. Los edificios no alcanzan altura desmesurada; los portales que rodean la plaza son bajos y profundos, sus pilares macizos y alguno, en su esquina, presenta dos gruesos resaltos: es una esquina acorazada. Sólo las casas del barrio céntrico tienen dos pisos: las demás son bajas, de grandes muros y risueños interiores…La catedral… rechoncha, no compite con Santo Domingo, las demás iglesias se esfuman: solo él impera” p (27-28)
“La vida en Oaxaca se desliza apacible y grata. Desde la terraza de “Edén”, al mediodía, cuando aprieta el calor; al anochecer, cuando la sangre vibra largamente de sensualismo, las inquietudes ceden el puesto a un bienestar consciente, satisfecho de sí, pero no frívolo. El ocio dorado, en estos atardeceres, reconforta el espíritu. Nos sentimos más jóvenes, capaces de empresas gloriosas, de obras brillantes y, hasta con algo de romanticismo, de actos heroicos” p (29-30)
En el referente al mercado y las indias, habla sobre todos los productos que se venden y  recalca que para hablar de todos ellos se necesitaría otro libro pero también habla de las indias de la siguiente manera:
“El interés mayor del mercado lo presentan las indias vendedoras. Vienen desde pueblos remotos con uno o dos días de anticipación: Oaxaca es su Meca y su emporio: venden la mercancía que han traído de sus pueblos y compran lo que les falta. Si les queda dinero, permanecen el domingo en Oaxaca, invaden los bancos del jardín oyendo embelesadas la música, huyen frente a los automóviles, ponen dondequiera la simplicidad de sus rostros inocentes. En la tarde de domingo, o el lunes, se van, para esperar la lenta fuga de la semana y venir el próximo sábado” p (80)   
Y termina el capítulo hablando de los peros del lugar haciendo la siguiente descripción en un día caluroso: “un hombre se acerca a una campana que cuelga en el centro del mercado y da tres campanadas. Es para llamar a la policía. Algún ladrón o una pendencia. La vida fermenta entre magia agria y amarga. Nuestros cerebros desfallecen ¡Aire, aire, aire!

La penúltima postal antes de la despedida habla del barrio de Xochimilco:
“Dicen que cuando Cortés pobló la ciudad de Antequera, trajo cierto número de indios xochimilcas, los cuales hicieron sus habitaciones en uno de los extremos de la población, a lo largo del viejo acueducto que la surte del líquido elemento. Aún viven ahí y su barrio se llama Xochimilco. Me imagino que la obsesión del agua de sus patrios lares, los impulsó a buscarla donde la hubiese, aunque encañada.
El calor matinal nos obliga a refugiarnos cabe la pequeña sombra que se pega a los muros. Vamos a lo largo de Xochimilco de Oaxaca, viendo cómo las casas se acomodan entre los arcos, aprovechando el hueco. Me recuerdan las que en León España utilizan los cubos de las viejas y ruinosas murallas de la ciudad y la misma muralla como pared posterior.
La invariabilidad del acueducto hace monótono el barrio; torcemos a la derecha, llegamos cerca de un mercado y salimos a Santo Domingo, Santo Domingo nos vuelve a nuestra castiza Oaxaca, enemiga de exotismos”.

Nuestra segunda obra es Mañanas en México de D.H. Laurence. Esta serie de relatos, algunos dirán ensayos, consta de ocho capítulos de los cuales los primeros cuatro están dedicados a Oaxaca. El viaje de Laurence a Oaxaca será muy importante para su obra literaria, ya había iniciado la escritura de su novela “La serpiente emplumada” que será una de sus obras más citadas y al ir descubriendo Oaxaca se da cuenta que tendrá que reescribirla, en una carta enviada desde Oaxaca y citada por Mario Alejandro Henestrosa en su libro “David Herbert Laurence y México” de 1968, se puede leer: “tendré que reescribir. Chapala no posee realmente el espíritu de México; está demasiado domesticada, demasiado turística. Este lugar es más virginal”
Laurence llega a Oaxaca en noviembre de 1924 buscando al padre Richards encargado de la iglesia de la Merced y que además era hermano del vicecónsul británico, quien le proporcionará una casa donde vivir ubicada en Pino Suárez no. 43 y a la cual se referirá en el capítulo I de Las Mañanas en México:
“Cada casa es en realidad una pequeña fortaleza. La nuestra consiste en dos bloques, de dos cuadrados, con un patio cada uno. Los árboles y las flores, en el primer bloque, con las dos alas de las habitaciones. Y en el segundo patio, las gallinas, las palomas, los conejillos de indias y una cazuela o bandeja enorme de barro, llamada apaxtle, en donde los criados pueden bañarse, como gallinas en un plato” pp (57-58)
El segundo capítulo se titula Caminata a Hueyapa, que en realidad es Huayapan. Este le sirve para recapitular sobre los pueblos mexicanos y el paisaje:
“En México los pueblos, excepto la capital, acaban en sí mismos, de golpe. Como si los hubieran bajado del cielo en una servilleta y los hubieran puesto allí, algo ajeno en la llanura silvestre. Rodeamos, pues, la pared de la iglesia y el cerco del monasterio viejo que ahora alberga a los soldados amontonados y, de pronto, estamos ya en las colinas” p (37)
“Si no hubiera iglesias para marcar estos pueblos, no habría manera de orientarse. El sentimiento de estar perdido se intensifica entre las cercas sordas y repulsivas de cactos vivos. Pero los españoles levantaron su inevitable magnificencia en las torres gemelas de una gran iglesia solitaria y desesperanzada entre estas barrancas negras de lodo; y donde hay una iglesia, debe haber una plaza. Y una plaza es un zócalo, un eje. Aunque la rueda no gire, se trata de un eje, es un eje. Como un foro antiguo” p (43)

En el tercero habla de su mozo y en el cuarto del mercado:
“El mercado es un extenso espacio cubierto. Desde las calles adyacentes se oye el ruido extraordinario que sale de él. Un ruido tremendo e imperceptible a la vez. Algo así como el charloteo de todos los espíritus del mundo, las voces de todos los fantasmas, dentro de esta oscuridad del mercado cubierto. Es un ruido como el de la lluvia o el de las palmas agitándose en el viento. El mercado lleno de indios, carioscuros, de pies silenciosos, de voces acalladas y oprimidas, apretándose y empujándose en cantidades inmensas. Los raros murmullos silbantes del idioma zapoteco mezclados con las sonoridades del español, con las dulces y como apartadas voces de los mixtecas.
Vender y comprar, pero sobre todo comulgar. En la historia del mundo, los hombres han inventado dos excusas para acercarse y comulgar libremente, en turbas heterogéneas y sin sospechas: la religión y el mercado” p (74)       

La tercera y última: Bajo el cielo Jaguar, de Italo Calvino, en 1972 Calvino comenzó a escribir un libro sobre los sentidos, que nunca terminó, al morir en 1985 había escrito solo tres relatos. “El nombre, la nariz”, “Bajo el cielo Jaguar” y “Un rey escucha” en el primero el olfato, abordará a París y sus perfumes, en el tercero el oído, se referirá a un rey enclaustrado en su palacio y en el segundo se referirá al gusto y Oaxaca y el México prehispánico le servirán de marco. El relato comienza con su llegada al ex convento de Sta. Catalina que será el hotel en el que se hospedará y que utilizará para encadenar la cocina, con las monjas y el arte. Y refiriéndose a las monjas en el relato Olivia la protagonista se plantea la siguiente pregunta:
“¿Pero esas monjas se pasaban los días en la cocina?", había preguntado, imaginándose vidas enteras dedicadas a la búsqueda de nuevas mescolanzas de ingredientes y variaciones de dosajes, a la atenta paciencia combinatoria, a la transmisión de un saber minucioso y puntual.

"Tenían sus criadas", había contestado Salustiano y nos explicó cómo las hijas de familias nobles entraban en el convento con sus propias criadas, de modo que, para satisfacer los veniales caprichos del paladar, los únicos que les estaban permitidos, las monjas podían contar con una multitud diligente e infatigable de ejecutoras. Y en cuanto a ellas, no tenían más que idear y preparar y comparar y corregir recetas que expresaran sus fantasías encerradas entre aquellos muros, fantasías, además, de mujeres refinadas, y ardientes, e introvertidas y complicadas, mujeres con necesidades de absoluto, con lecturas que hablaban de éxtasis y transfiguraciones y martirios y suplicios, mujeres con exigencias contradictorias en la sangre, genealogías en las que la descendencia de los Conquistadores se mezclaba con las de las princesas indias, o de las esclavas, mujeres con recuerdos infantiles de frutas y aromas de una vegetación suculenta y densa de fermentos, aunque crecida en aquellos soleados altiplanos.
Tampoco se podía olvidar la arquitectura sagrada que servía de fondo a las vidas de aquellas religiosas, inspirada por el mismo impulso hacia lo extremo que llevaba a la exasperación de los sabores ampliada por la llamarada de los chiles más picantes. Así como el barroco colonial no ponía límites a la profusión de los ornamentos y al lujo, por lo cual la presencia de Dios era identificada en un delirio minuciosamente calculado de sensaciones excesivas y desbordantes, así la quemadura de las más de cien variedades indígenas de pimientos sabiamente escogidos para cada plato, abría las perspectivas de un éxtasis flamígero.  P (7)

 

Este relato le servirá a Calvino para filosofar acerca del viaje:

“…el verdadero viaje, en cuanto introyección de un "fuera" diferente del nuestro habitual, implica
un cambio total de la alimentación, una deglución del país visitado en su fauna y flora y en su cultura (no sólo las diversas prácticas de la cocina y del condimento sino del uso de los diversos instrumentos con que se aplasta la masa o se revuelve el caldero), haciéndolo pasar por los labios y el esófago. Este es el único modo de viajar que hoy tiene sentido, cuando todo lo que es visible también puedes verlo en la televisión sin moverte de tu sillón”

También podemos encontrar estampas de nuestra geografía:

“Para el día siguiente se había decidido la visita de las excavaciones de Monte Albán; el guía vino puntualmente al hotel a buscarnos con el coche. En el campo árido, soleado, crecen los agaves para el mezcal y el tequila, los nopales (llamados entre nosotros, los italianos, higos de indias), los cereus pura espina, los jacarandás de flores azules. La calle sube entre las montañas. Monte Albán, entre las alturas que rodean un valle, es un conjunto de ruinas de templos, bajorrelieves, grandiosas escalinatas, plataformas para los sacrificios humanos. El horror, lo sagrado y el misterio son englobados por el turismo que nos dicta comportamientos preestablecidos, modestos sucedáneos de aquellos ritos. Al contemplar esos peldaños tratamos de imaginarnos la sangre caliente que brotaba de los pechos lacerados por los cuchillos de piedra de los sacerdotes...“p (9)

“A la espera de que cayese la noche nos sentamos en uno de los cafés bajo los soportales del zócalo, la plazoleta cuadrada que es el corazón de todas las viejas ciudades de la colonia, verde por los árboles bajos, bien podados, llamados almendros pero que no se parecen nada a los nuestros. Los banderines de papel y las banderolas que saludaban al candidato oficial hacían todo cuanto podían por comunicar al zócalo un aire de fiesta. Las buenas familias de Oaxaca paseaban bajo los soportales. Los hippies norteamericanos esperaban a la vieja que les vendía el mezcal. Andrajosos vendedores ambulantes desplegaban en el suelo telas de colores. De una plaza vecina llegaba el eco de los megáfonos de una reunión ya concluida de la oposición. Acurrucadas en el suelo, unas mujeres gordas freían tortillas y hierbas.
En el quiosco del centro de la plaza tocaba una orquesta trayéndome recuerdos tranquilizadores de una Europa provinciana y familiar que yo había llegado a tiempo para vivir y para olvidar.”

 

        
Haikú

Leer es contemplar una tarde otoñal,
La hoja que cae… y regresa a la rama, vuelta mariposa.

Soseki


REFERENCIAS

Alburquerque, L. 2011. Teoría e historia de los relatos de viaje. Revista de literatura. Vol. LXXIII no. 145. PDF.

Alfaro, A. Senderos de la mirada. Revista Artes de México. No. 31. CONACULTA. Sin año.

Blaxter, Loraine; Huges; Chistina y Tight, Malcom. 2002. Como se hace una investigación. Editorial Gedisa. Barcelona. Pdf

Calvino, I. 1989. Bajo el sol jaguar. PDF
Carrizo, S. 2008. El viaje omnipresente. Su funcionalidad discursiva en los relatos culturales de la segunda modernidad. Revista de letras no. 27. Argentina. PDF. 

Charnay, D. 1994. Ciudades y ruinas americanas. Dirección general de publicaciones. México.
Facultad de filosofía y letras. 2011. Italia y los italianos: lengua, literatura e historia. UNAM. México.
Henestrosa, A. 1968. David Herbert Lawrence y México. SEP. México. 
Iturriaga, J. 2009. Viajeros extranjeros en el estado de Oaxaca. Siglos XVI al XXI. CONACULTA, secretaría de cultura del estado de Oaxaca.

Laurence, D.H. 1942. Mañanas en México. Talleres gráficos de la nación. México.
Matus, M. 2015. Antología del cuento oaxaqueño. Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. México.
Mumford, L. 1976. La ciudad y la historia. PDF.
Narváez, A. 2003. Teoría de la arquitectura. Trillas: UANL. México.
Parmenter, R. 1989. Laurence en Oaxaca. FCE.
Schneider, L. 1992. Manuel Toussaint. UNAM. México.
475 años de la fundación de Oaxaca. 2 volúmenes. Sebastián van Doesburg, coord. 2007. Ayuntamiento de Oaxaca, Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, Proveedora Escolar, Almadía y Casa de la Ciudad. EXIMA, S.A de C.V. 

Toussaint, Manuel. 2013. Oaxaca. Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Edición facsímil.
Weber, M. 1958. Historia de la ciudad. PDF.

Walter Benjamín. 1983. Libro de los pasajes. PDF

 

Arquitecta y maestra literatura Patricia Chiñas López.
3 de octubre de 2017