María Asúnsolo

Por: R.A.


En el Museo Nacional (MUNAL) existe una sala dedicada a María Asúnsolo , que lleva su nombre. Los retratos de esta bella mujer y que pueblan y ennoblecen esta sala, son muestra de la pintura mexicana moderna: David Alfaro  Siqueiros, Diego Rivera, Jesús Guerrero Galván, Carlos Orozco Romero, Juan Soriano, Raul Anguiano, Jesús Escobedo, Federico Cantú.
Siqueiros, Soriano y Guerrero Galván la retrataron niña, aunque no la conocieron en esa edad y son retratos que brotaron de la imaginación de los pintores. El mundo real conocía muy poco del origen y edad infantil de María Asúnsolo quien se negaba a fechar su nacimiento y  dar a conocer el lugar donde había nacido ya que los Estados Unidos la habían visto llegar al mundo alrededor del inicio de siglo XX. Ella afirmaba haber nacido en una población del Estado de Guerrero.
Su padre, General Manuel Dolores Asúnsolo, murió en el concurrido Jockey Club de un balazo propinado por un porfirista (se dice que se apellidaba Escandón) quien no estuvo de acuerdo con un ardiente brindis revolucionario y etílico, pronunciado a viva voz por el General Asúnsolo. María quedó huérfana de padre a muy corta edad y su madre, María Morand, se volvió a casar y siendo de origen canadiense, prefirió trasladar su familia, María y sus dos hermanos, a San Antonio Texas en donde  quedó internada en el colegio “Lady of the Lake”; allí encontró muchos compatriotas, familias que huían de la violencia revolucionaria.
Al terminar “high school”, María regresó a México a vivir con la familia de Juan Manuel Asúnsolo, hermano de su difunto padre. En 1924 María casó con Agustín Diener, descendiente de familia alemana, próspero comerciante, dueño de la famosa joyería “La Perla” situada en céntrica calle de la ciudad de México. De este matrimonio nació Agustín, único hijo del matrimonio que muy pronto entró en conflicto y en trámites de divorcio.
María rentó un departamento en las calles de Salamanca, bastante cerca del taller de su tío Ignacio Asúnsolo quien comenzaba a ganar fama como escultor. La maternidad completó su belleza y su libertad de divorciada le permitió ser conocida en diversos ambientes que la calificaron como la mujer más bella de la ciudad de México.
Para 1932, María ya era famosa por su belleza y por el arrebatado romance que vivía con el pintor David Alfaro Siqueiros y que terminó en escándalo judicial cuando el pintor raptó al hijo de María de la tutela paterna, para entregarlo a la madre que solo podía convivir con él, un día a la semana. El rapto resultó contraproducente pues don Agustín Diener llevó a su hijo a vivir a Alemania y María no lo volvió a ver en mucho tiempo.
Se casó por segunda vez con Daniel Breen, norteamericano de notable patrimonio basado en extensas propiedades agrícolas situadas en el Estado de Tamaulipas. Este matrimonio tampoco fue duradero, ya que el alcoholismo de Breen fue pretexto para otro divorcio que dejó a María Asúnsolo en mejor posición económica, que le permitió rentar, en 1936, un amplio departamento en el edificio “Anahuac” situado en Paseo de la Reforma, vecino del elegante cine “Roble”, donde estableció la “Galería de Arte María Asúnsolo”: GAMA por las iniciales del nombre.
En la GAMA expusieron Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, María Izquierdo, Antonio Ruiz, Manuel Rodríguez Lozano, Carlos Mérida, Agustín Lazo, Carlos Orozco Romero, Armando Valdés Peza, Juan Soriano, Roberto Montenegro, Raúl Anguiano y los escultores Ignacio Asúnsolo, Federico Canessi y Luis Ortiz Monasterio. María logró formar un grupo de asiduos a su galería que ayudaba a la venta de los cuadros. Ella no lo hacía con visión empresarial pues se quedaba con un 25% de comisión contra el 33% que cobraban otras galerías como la de Inés Amor y la Misrachi,
En agosto de 1941, movilizó todas sus influencias para llevar el arte mexicano a la provincia y escogió a la cercana Puebla para iniciar esta aventura. La acompañaron representativos de la intelectualidad mexicana como Alfonso Reyes, José Bergamín, Ermilo Abreu Gómez, Luis G. Basurto y Manuel Rodríguez Lozano quienes dictaron eruditas conferencias que fueron muy bien recibidas por los poblanos que nombraron a María “Embajadora de las artes en México”.
Ante el éxito obtenido, María fue invitada por la Secretaría de Educación Pública a llevar la cultura mexicana a Cuba. En abril de 1942 llegó María a la Habana  bordo del barco oficial “Orizaba” con la colección de José Clemente Orozco y la muestra de arte mexicano contemporáneo, cincuenta mil volúmenes para una “Feria del Libro” y Alfonso Reyes, Antonio Castro Leal, Carlos Pellicer, Salvador Toscano y Luis G. Basurto quienes fueron recibidos con una cena en el “Tropicana”.
El éxito de esta misión cultural fue completo y los periódicos cubanos mostraron su entusiasmo calificando a María de “Madame Recamier con rebozo de bolita”, “el simbolismo vivo del más puro mexicanismo” “la verdadera y única ‘María Bonita de México”.
Otro aspecto de la personalidad de María Asúnsolo era su tendencia hacia la izquierda marxista ortodoxa y estalinista, por lo que fue denunciada y atacada en la prensa, como comunista al servicio del oro ruso. En los años cuarenta del siglo pasado, era improbable que un intelectual no fuera marxista y defendiera al régimen soviético amenazado por el nazismo.
A principios de los años cincuenta, la GAMA cerró sus puertas ante el creciente número de galerías comerciales y la amenaza de demolición del edificio Anáhuac, María se instaló en el incipiente y elegante fraccionamiento “El Pedregal de San Ángel” al sur de la ciudad. Con más de cincuenta años de edad decidió contraer un tercer matrimonio. El afortunado fue el político y empresario Mario Colín Sánchez, dueño en el Estado de México de considerable fortuna. El nuevo marido no era muy agraciado en el aspecto físico y la sociedad que frecuentaban bautizó a la pareja como “La bella y la bestia”.
Colín pasó sus años de matrimonio llevando su amor a un nivel de culto, tratando de borrar el pasado de María Asúnsolo y las imágenes que evocaban la libertad y liberalidad con las que había vivido sus anteriores años. Publicó un libro en 1955 con motivo de cumplirse veinte años de haber sido pintado su primer retrato, en el que predominan las estampas angelicales de María, alabada por las plumas de Ermilo Abreu, Isaac Rojas, Alfredo Cardona;  en los poemas de Usigli y Regino Pedroso y beatificada por el arte de sus retratistas.
En 1983, la tragedia llegó al mundo luminoso de María Asúnsolo. Su esposo Mario Colín fue asaltado y asesinado. Fuertes sospechas divulgadas por algunos periódicos, cayeron sobre María, fundados en los celos extremados de su esposo. La tragedia se agrandó cuando su hijo Agustín fue detenido, interrogado y muerto por un paro cardiaco, pues no soportó las presiones policiacas.
María no se doblegó ante el infortunio y resistió la desgracia con la misma entereza que había recibido los buenos y gloriosos tiempos. Había cumplido ochenta años y decidió abandonar la capital para retirarse a la entonces tranquila ciudad de Cuernavaca. Se desprendió de los recuerdos del pasado, donó su colección de cuadros al Museo Nacional y muchos de sus objetos personales a sus amigos, apartándose de la tentación de la nostalgia.

Sus contemporáneos se fueron muriendo y ella continuó prodigando su tradicional bondad con sus descendientes, hasta que la muerte la levantó el 25 de febrero de 1999. La recordaremos con las palabras que le dedicó Ermilo Abreu: “María Asúnsolo es como el último ángel que asciende al cielo o como el último que baja a la tierra. María Asúnsolo va por los caminos de la vida, libre de toda pesantez. La huella de su sombra ondula en al claridad del viento. Un día desaparecerá como desaparece la neblina en el caracol de la brisa; cuando esto suceda, habrá un lucero más en el cielo y un pétalo menos en todas las rosas”.