Libreta: solidaria acompañante

Por: Prometeo A. Sánchez Islas


Las de papel sobreviven airosas y rediseñadas. Las digitales combaten duramente entre cientos de artilugios. Ambas ocupan poco espacio físico, pero son indispensables para quien las adopta.

Desde la cárcel de Birmingan, Alabama, Luther King escribió en 1963 en su librillo: “nosotros nos tendremos que arrepentir en esta generación, no sólo de las palabras odiosas y las acciones de la gente malvada, sino también del aterrador silencio de la gente buena”. Sus hojitas trascendieron los barrotes y ahora pueden consultarse en libros profusamente ilustrados, o citarse en discursos sobre los derechos civiles. Aquellos modestos papeles recogieron lo que el corazón le dictaba al líder negro y sirvieron de vehículo para involucrar en su lucha al resto de la humanidad.
Un siglo atrás, una nutrida bitácora que hoy se resguarda en el Archivo General de la Nación, en Perú, bajo el título de “Libreta Raimondi”, narra la epopeya de aquel investigador , quien recorrió a pie, a caballo, sobre mula o a hombros de indio-portador cuando enfermaba, la intrincada orografía andina y las agrestes selvas amazónicas, con el fin de realizar mediciones climáticas, apuntes geográficos, observaciones botánicas, análisis sobre el comportamiento humano y dibujos de ruinas arqueológicas. Su conjunto de libretas recogen, además de datos científicos, apreciaciones personales como “en el libro del destino de Perú, está escrito un porvenir grandioso”. Sus libretas avalan los honores que aun se le brindan al colocar su nombre a calles, plazas, escuelas y, esencialmente, a especies animales y vegetales que él clasificó.
Las libretas son, a pesar de su aparente humildad, de los mejores acompañantes del ser humano, ya sea a lo largo de un viaje, para madurar un proyecto o en forma de diario, durante toda una vida. Por ello hay libretas de innumerables tipos y tamaños, para cada gusto y ocasión.
Hoy he reflexionado sobre este diminuto artilugio, cuando mi querido amigo Lino me obsequió una libreta no más grande que mi mano, engargolada con arillos metálicos, una cubierta semiflexible de plástico que la envuelve casi por completo, y una pequeña pluma que actúa como las antiguas bombas de agua manuales, sostenida por un resortito convenientemente prendido en la solapa. Es la versión tekno de las antiguas “libretas de taquigrafía” que utilicé para mis escarceos reporteriles hace casi medio siglo. Estoy seguro que Lino, con su inquisitiva mirada, sellaba la carga de mi historia personal, pues mi padre, periodista formal, utilizaba aquellas famosas libretas que las taquígrafas profesionales manipulaban. Yo, como aprendiz, esgrimía mi libretita ante los entrevistados para el periódico del día siguiente, o tomaba nota de los accidentes callejeros, o bien, sacaba de las actas del Ministerio Público los datos para la nota roja. ¡Era una época muy artesanal, sin fotocopias, ni memorias USB, ni teléfonos con cámara!
También recuerdo que en libretas de aquel tipo tomé apuntes de elementos constructivos durante mis viajes a Europa, los cuales me sirvieron para entender la historia de la arquitectura cuando estudié esa carrera. En poco tiempo entendí por qué todos los viajeros, ya fuesen los famosos que transformaron sus experiencias en libros, películas o canciones inolvidables, o los simples turistas que años después revivieron con nostalgia sus vivencias, necesitan una libreta... y, de igual forma, el por qué del consejo de siempre: cuida tu libreta del agua y del dehoje… porque en ella va relatada tu vida, o tu pensamiento, tus sentimientos, tu esfuerzo y quizá hasta tus anotaciones bancarias, policiacas, científicas, testamentarias, ideológicas, amorosas, planes para asaltar un banco o robarte a la novia, y un largo etcétera. ¡Es impredecible lo qué podría encontrarse en una libreta ajena!
Se sabe, por ejemplo, que Charles Duke, quien voló en el Apolo 16 a la Luna, mientras esperaba a sus compañeros en el módulo, dibujó astronautas abrazando mujeres desnudas, enviando mensajes de felices cumpleaños en “capítulos” organizados con pestañas laterales. Hay quien dice que fue el tedio, o quien lo psicoanaliza como erotómano, e incluso quien aplaude su ingenio y metodicidad. El caso es que su libreta se subastó en $200 mil dólares hace cuatro años, y ya forma parte de la historia espacial.
Entre otros cuadernillos famosos se halla “La Libreta de Italia de Alexander von Humbolt”, la cual se encontró entre algunos papeles “no clasificados” de quien gestó el salto intelectual del siglo XVIII al XIX  en Europa y que, según Marie-Noelle Bourguet “significó un punto de partida en la trama de la investigación, articulando las prácticas ordenas de viaje con las formas de la escritura y la construcción de la ciencia de la época, lo que constituye una reflexión histórica y epistemológica sobre los objetivos de un viaje de estudios realizado en 1800”.
Otro tipo de libreta es la “de artista”, que se ocupa para notas gráficas, en la que el artífice hace todo tipo de intervenciones y anotaciones, desde esbozos hasta datos duros, los cuales eventualmente se convertirán en un libro, una obra de arte o una fuente de inspiración personal. Hoy son muy cotizados los apuntes de Leonardo da Vinci y de los demás genios del Renacimiento. En nuestro tiempo, los creadores, se valen aún de libretas, muchas de ellas manufacturadas con sus propias manos, utilizando papeles (industriales o artesanales), cartones, cordeles y dobleces muy a su gusto, lo que les otorga el valor adicional de constituirse en libros-objeto. Incluso se ofrecen cursos para realizar tales libritos, tanto presenciales como desde internet.
Por su parte, los topógrafos, ingenieros e hidrólogos utilizan “libretas de tránsito” y “libretas de nivel”, en las que generalmente se anotan distancias, ángulos, rumbos, nombres de los vértices y croquis de los objetos “levantados” o medidos. Lo anterior no quiere decir que no se anoten garabatos de toda índole, datos de agenda y de contactos, diagramas de localización y todo aquello que el dueño quiera o necesite anotar. Al fin, aunque son cuadernos de trabajo, siguen siendo personales y se les cuida esmeradamente del agua, el sol y el lodo. Ya se fabrican incluso con papel a prueba de humedad.
Para quienes han estudiado la obra del novelista Bruce Charles Chatwin, admirado por su laconismo, anécdotas ficticias, historias de viajes imposibles y elegantes distorsiones culturales, mediante sus libretas han dibujdo su retrato biográfico, descubriendo las pistas falsas, las modificaciones estratégicas y los disfraces que adopta en cada fase de su producción. Esas libretas son la razón de que se le llame “el retratador de la verdad y media”.
Otro ejemplo de cómo revelar lo que un creador carga, es lo escrito por Edmundo Aray sobre un colega: “en los apuntes poéticos de Rafael Alcides encuentra sitio el corazón. Acaso sea la expresión más ardorosa y desenvuelta de la poesía cubana de la última década. Dulce y brutal, lírico sobre todo, y prosaico, preciso y contundente, Rafael Alcides es un escándalo poético”. De este poeta, su obra más leída se titula Libreta de Viaje y está editada por Gente Adorable.
Hay libretas raras y exclusivas, como las que los espías y criptógrafos atesoran. Se llaman “libretas de un solo uso” pues contienen algoritmos y textos cifrados, que deben anotarse en cuadernos de papel, los cuales una vez utilizados deben quemarse. Ahora se utilizan los medios digitales, pero son menos confiables pues es más fácil hackear o robar un archivo de un disco duro que de una libreta calcinada.
En los tiempos modernos, las libretas de viaje han sido sustituidas por los blogs, que son sitios virtuales de la web, en los que se colocan fotos, dibujos, datos turísticos e históricos, y todo tipo de comentarios, incluyendo la posibilidad de atraer preguntas y acotaciones de los lectores del blog, ubicados en cualquier lugar del mundo. Un bloguero llamado Quique, escribe: “soy apasionado de los viajes sin premeditar, loco por conocer y mezclarme con otras culturas. Entusiasta de contármelo a mí mismo y contagiar a los demás, contagiando ese virus llamado viajar, con el fin de arrancar a más de uno del sofá… puedes seguirme en mi Twiter o visitar mi perfil en Google_Plus”.
Por cierto, en una página web llamada libretadeviajes, la recomendación principal es viajar acompañado de tu música. Hoy en día eso es facilísimo pues hay todo tipo de interpretaciones en las “memorias” de los minúsculos reproductores que caben en el bolsillo, o dentro del teléfono móvil, la computadora portátil o, mejor aún, las tablets electrónicas, que se han convertido en las modernas libretas, indispensables por todo lo que guardan y la manera en que lo ofrecen. De ahí que viajar con un ingenio o gadget electrónico le permite a uno, además de tomar apuntes, diagramas, fotos y videos, consultar mapas, información local, citas históricas, escuchar música o leer el libro o el periódico favorito, además de obtener traducciones, equivalencias de divisas, consejos culturales, etc. ¡Son, con mucho, de las mejores compañeras de viaje!
Pero para el viajero pragmático e individualista, es decir, ajeno en lo posible a la masificación, lo más indicado es portar una libreta barata y manejable, plumas a prueba de goteos, una bolsa de plástico para protegerla de la lluvia, los ríos y las playas, que soporte el maltrato de la mochila, la bolsa trasera del pantalón o la canastilla de la bicicleta, y que sea adecuada para lo que quieres anotar.
Al final de tu viaje de placer, de estudio, de ciencia o de trabajo, o bien, de tus observaciones sobre la existencia humana y su interacción con el mundo, tu libreta podría ser la medida de tu éxito: ¡cada hoja vacía pudo haber contenido un dato, un gesto, un paisaje, una canción o una cita, que, de no recordar por otro medio, lamentarás por siempre su mudez!
Comienza tu viaje -real o simbólico- hoy: sólo tienes que tomar una libreta y dar inicio con lo cotidiano… ¡la pericia vendrá con el tiempo, alimentada por tu propia madurez!

(*) Miembro del Seminario de Cultura Mexicana

 

El pastor bautista, doctor Martin Luther King, Jr. nació en Atlanta en 1929 y fue asesinado en Menphis por un racista en 1968. Se le otorgó el Premio Nóbel de la Paz en 1964 por su relevante labor en pro de los afroamericanos, de los pobres y de concluir la guerra en Vietnam. Se le recuerda como un gran orador y un pacifista enemigo de la violencia.

Giovanni Antonio Raimondi Dell’Acgua, explorador, naturalista, geógrafo, nacido en Milán, Italia en 1824 y fallecido en San Pedro de Lloc, Perú en 1890.