Centéotl en los Lunes del Cerro

Por: María Concepción Villalobos López.


 

En el Archivo Histórico del Estado tuvimos la oportunidad de conversar sobre Centeotl en los Lunes del Cerro. Comparto ahora una parte de mis reflexiones.
Centéotl en los Lunes del Cerro, es esta publicación del grupo Acontragolpe, en la que participé  con las entrevistas a varias de las representantes de la deidad  desde 1969 hasta el año 2012, la tarea inicial fue registrar los nombres de cada una de ellas, el lugar de origen y el año en que tuvieron la encomienda de representar a la diosa Centéotl, datos que por cierto no existían y tuvimos que buscarlos en distintas fuentes, principalmente en la Hemeroteca Néstor Sánchez; posteriormente surgió la necesidad de contactarlas y hacerles algunas preguntas ¿Qué significó participar? ¿Cómo es que ganaste? ¿Cómo te preparaste? ¿Qué haces ahora? ¿Fue trascendental para ti?
Las respuestas llegaron por distintos medios… correo, llamada telefónica, internet y también de viva voz; los resultados quedaron comentados  en esta publicación bajo el título “Las Diosas, las mujeres” y así se fue construyendo este capítulo que traspasó el puntual registro de los nombres, para compartirnos algunas de estas experiencias de vida que de algún modo se convierten en valiosos  testimonios del mundo de las mujeres en distintos lugares de nuestro estado, pues cada una de las concursantes es la expresión de la cultura de su tierra, al tiempo que construye su voz con las voces de las mujeres de su entorno; la madre, la abuela y cada generación que se lee en una línea interminable; también  las tías, las hermanas, las amigas, que se expresan generacionalmente.
En la publicación, algo similar ocurre al escuchar las historias contadas por las Diosas que logramos entrevistar;  de manera cronológica, constituyen una  línea del tiempo que se extiende con los años definiendo características y circunstancias generacionales, permitiéndonos observar a través de cada una de las Diosas Centéotl, un proceso de cambio y adaptación permanente,  de esta entrañable fiesta que es los Lunes del Cerro y su Guelaguetza.
En el formato que conocemos, elegir a la diosa Centéotl, que por cierto a partir del año pasado, abrió su convocatoria a todas las mujeres, sin límite de edad y sin importar su estado civil, conlleva un  acercamiento definitivo al rol que las mujeres juegan en cada una de las culturas que conforman nuestro estado, tanto en el ámbito doméstico como en el público y especialmente, nos permite un acercamiento a su desempeño en la dinámica festiva de cada población;  en la mayoría de las fiestas,  ellas son las encargadas de preparar la comida, de servir a los hombres –quienes tienen asignados  trabajos como ir por leña, disponer la  enramada, acomodar las mesas- las mujeres también se encargan  de adornar el templo y vestir a los santos, para finalmente  “engalanar”, “lucir”  y “embellecer”  con su presencia los actos emblemáticos de la  tradición al portar con gran orgullo la suntuaria correspondiente a la  usanza de su pueblo; son ellas quienes sin complicados estudios ni investigaciones, haciendo valer la tradición oral,  transmiten la identidad y mantienen viva la cultura.
En la fiesta las mujeres tienen reservado un vistoso y público lugar aunque sea por pocos días, pues al acabar la celebración, la realidad es compleja y el esfuerzo debe redoblarse para conseguir los espacios públicos que requieren  para hablar con voz propia, hacer valer sus necesidades, sus derechos e ideas; así, en esta gran fiesta oaxaqueña que celebramos en el mes de julio, las mujeres son parte muy especial de las delegaciones, se han esforzado por aprender, ensayan, se disciplinan, arreglan el vestuario, asaltan el baúl y platican con las abuelas, construyen una identidad con lo que tienen a la mano, incluso incorporando materiales, detalles del presente que pueden causar sorpresa e incomprensión, tal como ocurrió el año pasado durante el certamen de la Diosa Centéotl, con los ferrocarriles adornando la enagua de la representante de Matías Romero.
En pocas palabras, Oaxaca está de fiesta y con la representación de Centéotl, son ellas las que presiden tan esperada  celebración y como toda buena fiesta, los problemas de cualquier tipo han de quedar atrás, esa es la importancia de celebrar… es tiempo de disfrutar la música, de volar entre textiles de mil colores, de compartir la mesa con los invitados, de escribir poesía, de sonreír a la vida, pues como decían las abuelas, al final, lo comido y lo bailado ni quien no los quite; que la realidad con todos sus retos nos espera al final de todo, bien cierto es, pero el ánimo, el entusiasmo, la inspiración que nos obsequian estos días de encuentro cultural, son la fuerza para encontrar una mejor realidad; y si no es posible cambiarla, pues tampoco importa, pues ahí estará esperándonos el tiempo de fiesta que cada año llegará para nuestro disfrute.
La vida nace de la tierra; el maíz es el alimento de nuestra cultura,  los árboles fuertes tienen raíces amplias, largas y lejanas; reconocer en el presente nuestras raíces y extenderlas hasta tiempo inmemorial, es la fuerza –así lo pienso-  de nuestra vida cotidiana.  Aceptar la presencia divina  en la sencillez de nuestro diario andar,  congratularnos y vivir  la experiencia de cada una de  estas mujeres como si fuera propia, nutrirnos de sus recuerdos y continuar en busca de más de estos  testimonios,  es una tentadora oferta que  finalmente nos conduce a aceptar que con tradición o sin ella, todas somos diosas ¿o no?